Butanitos, Elefantes y Ciclistas
Municio lleva el volante con sobriedad, no era piloto experto, pero su concentración mientras conducía era total y eso le transmitía cierta tranquilidad a sus acompañantes. Sobriedad, sin embargo, no es el adjetivo que uno emplearía para describir el vehículo en el que viajaba aquel grupo; esto claro, no era por culpa de Municio ni de ninguno de sus acompañantes, sino que era producto del capricho de algún diseñador italiano que no tuvo mejor idea que elegir el anaranjado como color para aquel modelo de Seat 600. En conjunción, la forma del vehículo y su color le daban por completo la apariencia de un butanito.
Sin despegar la mirada del horizonte Municio detecta a unos pocos kilómetros una irregularidad en el paisaje, que de alguna forma interfiere en el flujo de vehículos. A medida que se acercan al punto donde el tráfico se encuentra detenido, Municio comienza a reducir la velocidad y el resto de los viajeros toma conciencia de la escena que les antecede.
- ¿Aquello de allá son jirafas? Pregunta Rafaela con total perplejidad.
- Pues eso parecen. Responde Municio con cierta tranquilidad.
Al parecer, el hecho de que alguien más estuviera compartiendo tal espectáculo le permitía descartar como posibilidades: uno que de forma inesperada se hubiera vuelto completamente loco, dos que se hubiera quedado dormido y estuviera en medio de un viaje onírico y tres que se hubiese confundido en alguna bifurcación de caminos y hubieran ido a para a la mismísima sabana africana.
Al llegar al punto donde tal escena acontecía, una sonrisa infantil se formo en el rostro de todos lo viajeros al contemplar el cruce de una caravana de circo, por la misma autovía por la que ellos viajaban a París. En el instante que Municio apaga el motor para ahorra combustible durante la espera un potente sonido proveniente del lado derecho de la autovía atrae la atención de todos. Un gran elefante que avanzaba en medio de la caravana a fijado su mirada paquidérmica en el Seat 600 y rompiendo filas se sale de la larga formación. El animal trota alegremente hacia el vehículo color naranja mientras que Municio rápidamente vuelve a repasar las tres posibilidades que con tanta naturalidad había descartado minutos antes. Pero el agudo grito de terror de Rafaela lo hace volver en si y para ese entonces ninguno de sus acompañantes se encuentra ya en el coche. Han abierto las puertas y abandonado el vehículo. Municio, mezcla de pánico y orgullo de capitán que no abandona su nave se mantiene firme en su puesto. El elefante a todo esto ya se encuentra cara a cara con Municio que le observa petrificado, por detrás del parabrisas. El gran animal, con la gracia de una bailarina de ballet, posa una de sus grandes pata delanteras sobre el capot del coche y con este nuevo punto de apoyo se para sobre sus patas traseras. Con su pata delantera libre saluda a su público con una reverencia mientras emite un nuevo barrito. Finalizado su acto, el elefante quita su pata de encima del pobre butanito y retorno a su puesto en la caravana. Para ese entonces los guardas del circo ya han llegado donde el coche y en un ingles matizado por muchos acentos, intentan explicar al pobre Municio, que lo que ha ocurrido es que “Rosi” a confundido el coche con banquito anaranjado que emplea en su acto.
- Sorry Mister! Rosi not bad, not bad!
Se excusa el chaval que al parecer se encarga de cuidar a la elefanta. El saldo de la situación es una gran abolladura en el frente del vehículo y una extenuante discusión con la agencia de seguros que intentan evadir, so pretexto de “situación no contemplada”, la responsabilidad de la reparación del coche.
Horas más tarde de tan atípico encuentro el butanito se encuentra nuevamente rumbo a París con todos sus integrantes a bordo. La tarde ya se vuelve noche y la falta de luz fuerza a Municio a concentrarse, aun más, en su rol de chófer. Sus ojos, al igual que los faros del coche no se separan de la autovía. De manera que esta vez es Rafaela quien detecta la irregularidad al costado del camino.
- ¿Qué es aquel bulto? Pregunta algo insegura.
- Nada – responde Municio
- Qué sí hombre! Que aquello de allá parece un cuerpo!
- Te digo que no es nada. Insiste Municio, como si por el solo de hecho de negarse a aceptarlo aquella figura fuese a desaparecer.
- Por favor! Detén el coche insiste Rafaela – a la que se suma también Paco que luego de observar atentamente apoya la opinión de Rafaela.
A Municio no le queda otra salida que reconocer que ahora si ve un cuerpo en el camino y que además es un ciclista herido. El coche se detiene una vez más y mientras Municio coloca las balizas, Rafaela y Paco corren a socorrer al ciclista que yace tendido a unos pocos metros de su bicicleta. Sin duda el accidente no ha matado al ciclista pero de momento se encuentra inconsciente, así que entre los tres los suben al coche y se disponen a llevarlo a alguna urgencia. Llegando a un pequeño pueblo que parece tener primeros auxilios, el ciclista despierta bastante aturdido sin saber que ha ocurrido ni quienes son sus extraños acompañantes, solo atina a decir - La bicicleta! La bicicleta! - Al llegar a la clínica el ciclista es internado mientras que Municio, Paco y Rafaela, aguardan la llegada de la policía local para hacer la declaración correspondiente.
- Voy a fumarme un cigarrito afuera – dice Paco
- Yo te acompaño – añade Rafaela,
- Bueno vale, vamos todos- concluye Municio.
- Te digo que hoy nos han tocado todas juntas y para colmo esta espera me está matando.
Comenta Paco recostado contra el butanito mientras exhala una larga bocanada de su ducado negro. En ese preciso instante llega la policía. Al oficial no le hace falta hacer preguntas para identificar al grupo de turistas españoles que han traído a un ciclista herido. Seguramente el Seat anaranjado tuvo algo que ver en su complejo proceso deductivo.
- Bon soir. Saluda secamente el policía
- Entonces, son ustedes los han traído monsieur Wynant, ¿cierto?
- Si si! - dice Rafaela – Yo fui la primera que lo vió tendido en la ruta. Y eso que todavía nos
encontrábamos a un - par de kilómetros de distancia.
- ¿Es usted la conductor del vehículo? – interrumpe fríamente el oficial
- No, el conductor soy yo, Municio, a sus ordenes – intercede Municio dando un paso al frente
- Verá lo que ha sucedido es más o menos lo que ha dicho Rafaela. Venía yo conduciendo, hemos visto a este pobre hombre tendido en costado de la carretera, su bicicleta hecha un desastre y nos lo hemos traído para el hospital.
- Aja.. y me podría explicar, si no es mucha molestia, como le ha ocurrido esa abolladura al vehículo, mi experiencia me permite notar que es debido a un choque bastante reciente.
- eeh…
- …
- …
Miguel uy – Madrid 17/07/2013